Comunidad Bahá'í de Colombia
Detalle del monumento que se encuentra en el lugar de descanso de Shoghi Effendi, Guardián de la Fe bahá'í.

Selección de escritos de Shoghi Effendi

Las obras de Shoghi Effendi abarcan casi todos los aspectos de la actividad y el pensamiento humanos.

Hay temas que son recurrentes en sus cartas: el establecimiento de las instituciones administrativas de la comunidad mundial bahá’í; el desarrollo de la vida espiritual personal; la expansión y consolidación mundial de la Fe bahá’í; la explicación de sus leyes, enseñanzas y principios; la historia de la Fe, incluyendo las posiciones de sus Figuras Centrales, lo mismo que la historia de la civilización mundial y las fuerzas que fomentan su desarrollo.

A continuación se presentan algunos extractos pequeños de los escritos de Shoghi Effendi.

El propósito de Dios no es otro que el de inaugurar, por medios que sólo Él puede producir, y cuyo pleno significado sólo Él puede desentrañar, la Gran Edad Dorada de una humanidad durante tanto tiempo dividida y afligida. Su estado actual, y aún su futuro inmediato, es sombrío, dolorosamente sombrío. Sin embargo, su futuro lejano es resplandeciente, gloriosamente resplandeciente; tan resplandeciente que ningún ojo puede imaginarlo. El Día Prometido ha Llegado, p. 177

 

Todo lo que razonablemente podemos intentar es esforzarnos por lograr una vislumbre de los primeros rayos del Alba prometida que, en la plenitud del tiempo, habrá de ahuyentar las tinieblas que han rodeado a la humanidad. La Meta de un Nuevo Orden Mundial, p. 13

 

La Revelación de Bahá’u’lláh, cuya misión suprema no es otra que el logro de esta unidad orgánica y espiritual del conjunto de naciones, debe ser considerada, si nos guiamos por sus implicaciones, como la señal del advenimiento de la madurez de toda la raza humana. El Desenvolvimiento de la Civilización Mundial, p. 5

 

Que no haya ningún malentendido. El principio de Unidad de la Humanidad – pivote sobre el que giran todas las enseñanzas de Bahá’u’lláh – no es un mero estallido de sentimentalismo ignorante o una expresión de vaga y piadosa esperanza. Su llamado no debe ser simplemente identificado con un renacimiento del espíritu de hermandad y de buena voluntad entre los hombres, ni tampoco tiene el solo propósito de fomentar la cooperación armoniosa entre individuos y naciones. Su significación es más profunda, sus aspiraciones son mayores que las correspondientes a los Profetas del pasado. Su mensaje es aplicable no sólo al individuo sino que atañe principalmente a la naturaleza de aquellas relaciones esenciales que han de ligar a todos los Estados y naciones como a miembros de una familia humana. No constituye simplemente el enunciado de un ideal, sino que está inseparablemente vinculado a una institución apropiada para encarnar su verdad, para demostrar su validez y para perpetuar su influencia. Implica un cambio orgánico en la estructura de la sociedad actual, un cambio que todavía el mundo no ha experimentado. Constituye un desafío, audaz y universal a la vez, a las gastadas consignas de los credos nacionales, credos que han tenido su día y que, en el transcurso normal de los sucesos, modelado y controlado por la Providencia, deberán abrir paso a un nuevo evangelio, fundamentalmente diferente e infinitamente superior a lo que el mundo ha concebido hasta ahora. Requiere nada menos que la reconstrucción y la desmilitarización de todo el mundo civilizado, un mundo orgánicamente unificado en todos los aspectos esenciales de su vida, de su maquinaria política, de su anhelo espiritual, de su comercio y de sus finanzas, de su escritura y de su idioma, y aun así, infinito en la diversidad de las características nacionales de sus unidades federadas.

Representa la consumación de la evolución humana, evolución que ha tenido sus orígenes en el nacimiento de la vida familiar, su subsiguiente desarrollo en el logro de la solidaridad tribal, que llevó a su vez a la constitución de la ciudad-estado y que posteriormente se expandió en la institución de la nación independiente y soberana.. La Meta de un Nuevo Orden Mundial, p.24-25

 

La unificación de toda la humanidad es el distintivo de la etapa a la cual la sociedad se está ahora aproximando. La unidad de la familia, de la tribu, de la ciudad – estado y de la nación han sido intentadas sucesivamente y establecidas por completo. La unidad mundial es la meta hacia la cual se está esforzando una humanidad hostigada. El Desenvolvimiento de la Civilización Mundial, p. 67

 

Que no quede ningún recelo en cuanto al propósito que anima a la Ley mundial de Bahá’u’lláh. Lejos de tender a la subversión de los fundamentos actuales de la sociedad, trata de ampliar su base, de amoldar sus instituciones en consonancia con las necesidades de un mundo en constante cambio. No está en conflicto con compromisos legítimos ni socava lealtades esenciales. Su propósito no es ni sofocar la llama de un sano e inteligente patriotismo en el corazón del hombre, ni abolir el sistema de autonomía nacional tan esencial cuando se busca evitar los males de un excesivo centralismo. No ignora ni intenta suprimir la diversidad de orígenes étnicos, de climas, de historia, de idioma y de tradición, de pensamiento y de costumbres que distinguen a los pueblos y naciones del mundo. Insta a una lealtad más amplia, a un anhelo mayor que cualquiera que los que la raza humana ha sentido. Insiste en la subordinación de móviles e intereses nacionales a los imperativos reclamos de un mundo unificado. Repudia el centralismo excesivo por una parte, y rechaza todo intento de uniformidad por otra. Su consigna es la unidad en diversidad... La Meta de un Nuevo Orden Mundial, p. 22-23

 

Esta rectitud de conducta, con sus inferencias de justicia, equidad, veracidad, honestidad, imparcialidad, confiabilidad e integridad, debe distinguir cada fase de la vida de la comunidad bahá’í. “Los compañeros de Dios”, el mismo Bahá’u’lláh ha manifestado “son en este día, la masa que debe levantar a los pueblos del mundo. Ellos deben manifestar tal sentido de integridad, de veracidad y de perseverancia, tales hechos y testimonio de conducta que todo el género humano pueda beneficiarse de su ejemplo”. El Advenimiento de la Justicia Divina, p. 37-38

 

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