Comunidad Bahá'í de Colombia

Sergio y su noble servicio

Sergio es estudiante de ingeniería en la universidad. Hace un tiempo le hablaron sobre un programa que trabaja con prejóvenes, orientado a desarrollar sus capacidades espirituales e intelectuales, y a prepararles para participar efectivamente en los asuntos de sus comunidades. Él se interesó por este programa, pues siempre había pensado que le gustaría contribuir a mejorar las condiciones de la sociedad.

Así fue como asistió a una reunión donde comprendió que el período entre las edades de 12 y 15 años constituye un tiempo especial en la vida de una persona, puesto que durante estos años abandona la niñez y experimenta cambios profundos. Es en estas edades cuando se necesita recibir una educación y cuidados que permitan el surgimiento de las potencialidades y cualidades latentes en la juventud.

Sergio comprendió que el trabajar con prejóvenes es por lo tanto un acto de servicio de suma importancia. Decidió entonces estudiar los cursos ofrecidos por la comunidad bahá’í y capacitarse como animador de grupos prejuveniles. Pronto inició un grupo prejuvenil en un barrio donde otros jóvenes ya habían iniciado esta actividad. Hoy en día el grupo prejuvenil de Sergio se reúne en un ambiente de mucha alegría, reflejo del entusiasmo que él pone en todas las actividades que el grupo realiza: el estudio de los textos para aprender conceptos y desarrollar habilidades de lenguaje, los proyectos de arte y drama, las actividades deportivas, las salidas ecológicas. El cariño y la confianza que ha crecido entre los miembros del grupo y Sergio, también se reflejan al consultar juntos sobre los proyectos de servicio que realizan para contribuir al bienestar del barrio en el que viven. El ambiente de unidad del grupo contagia a todos sus participantes. Fue así como una de las prejóvenes animó a sus compañeros de colegio a unirse al grupo, y ahora cinco de ellos hacen parte del mismo.

Otra actividad que Sergio realiza como animador del grupo prejuvenil es la visita a los padres de los prejóvenes para compartir con ellos el propósito del programa y las actividades que realizan, para que apoyen a sus hijos a continuar en el grupo, y a participar junto con ellos en los proyectos de servicio que se organizan. En estas visitas los padres le comentan a Sergio lo felices que están de ver que sus hijos se han vuelto más respetuosos, más responsables con sus estudios, y se preocupan más por el bienestar de otros.

Al igual que Sergio hay muchos otros jóvenes de pensamientos nobles que se afanan por “asumir una parte de la responsabilidad de contribuir al desarrollo espiritual y social de quienes les rodean, especialmente de los que son más jóvenes que ellos”, y están dispuestos a “…anteponer las necesidades de otros a las propias”. Ellos están contribuyendo al mejoramiento de la sociedad, empezando por su barrio, su cuadra, su conjunto residencial. Es claro entonces que al volverse animador de un grupo prejuvenil, Sergio inició un camino de servicio lleno de esperanza y de realizaciones.