Comunidad Bahá'í de Colombia

Rosa se levanta a enseñar a los niños de su barrio

“La Esperanza” es un barrio como muchos de los que existen en nuestro país. Allí vive Rosa, una joven que siempre se ha distinguido por su amor hacia los niños. Fue este deseo de cuidar a los niños de su familia y de sus vecinos el que la motivó a capacitarse con los cursos que ofrece la comunidad bahá’í, los cuales brindan la oportunidad de aprender acerca de la importancia de la educación espiritual de los niños. Mientras estudiaba, Rosa fortaleció su deseo de dedicarse a educar a los niños, pues comprendió que “Entre los más grandes de todos los servicios que el hombre tiene posibilidad de ofrecer a Dios Todopoderoso, se halla la educación e instrucción de los niños”. También entendió que el propósito de la educación de los niños es que aprendan a pensar, a reflexionar y a desarrollar la capacidad de aplicar las leyes espirituales a la vida del individuo y la sociedad. Aprendió, además, que en los primeros años de la niñez se le debe dar gran importancia al desarrollo de las cualidades espirituales, y de aquellas creencias, costumbres y modales que constituyen los atributos de un ser espiritual.

Poco después, Rosa inició una clase para niños en su barrio. Su familia y los padres de los niños la apoyaron en esta iniciativa. Los padres se sentían muy contentos con las clases que ella les daba a sus hijos pues los niños se mostraban más obedientes, respetuosos y disciplinados. A raíz de esto, otros padres de familia le llevaron a sus hijos. Rosa invitó a otros jóvenes de su barrio a apoyar este proceso educativo. Se trazaron la meta de atender a todos los niños del barrio. Hoy en día, la gran mayoría de los niños de “La Esperanza” participan en clases para niños. Esta actividad ha creado entusiasmo. Todos están dispuestos a colaborar, algunos prestan su casa, otros ofrecen el refrigerio, incluso hay padres que participan de las clases. Rosa y las familias del barrio esperan que, como fruto de esta iniciativa, los niños puedan crecer en un ambiente edificante y continúen su proceso de educación espiritual durante los años de la niñez y la adolescencia.