Comunidad Bahá'í de Colombia

Semillas de la transformación echan raíces en la Colombia rural

29 de Marzo de 2015

AGUA AZUL, Colombia - En el Norte del Cauca, bajo la atenta mirada de los Andes, la tierra está cubierta por plantaciones de caña de azúcar.

Esparcidos, en medio de los campos de monocultivos, pueblos y pequeñas fincas salpican el terreno. En las últimas décadas, estas fincas tradicionales y el exuberante verdor de la región han sido ampliamente rebasados por vastos campos de cultivo de caña de azúcar.

En Agua Azul, y en las comunidades vecinas, la gente ha estado hablando sobre el renacimiento del hábitat natural. Esta preocupación fue catalizada en abril de 2012, cuando se anunció que se iba a construir allí una Casa de Adoración Bahá'í para la gente de la región.

Durante el período transcurrido desde el anuncio, cuando la comunidad se ha propuesto prepararse para este trascendental desarrollo, un creciente entendimiento de la naturaleza y el propósito de la Casa de Adoración ha dado lugar a una aguda conciencia del entorno físico y su relación con el bienestar espiritual y social de la población.

"Al principio, cuando se anunciaron los planes para el Templo, se realizaron varias reuniones", explica Ximena Osorio, una representante de la comunidad bahaí de Colombia, "La gente se inspiró en el concepto de la Casa de Adoración, cómo unía devoción y servicio, cómo iba a ser un lugar de adoración para todos."

"Poco a poco, surgieron conversaciones sobre los tipos de árboles y flores que rodearían el Templo, querían que el paisaje capturara la belleza y diversidad de la región."

Con el tiempo, la conversación evolucionó. "Surgió una idea", continúa la Sra. Osorio. "Sembraríamos un bosque nativo en la tierra que rodea el sitio del Templo."

La idea se arraigó y un equipo se unió en torno al proyecto.

Hernán Zapata, cariñosamente conocido en la comunidad como "Don Hernán", recientemente se unió a la iniciativa. Siendo un agricultor tradicional de la comunidad de Mingo, ha trabajado la tierra toda su vida.

Hoy en día, la suya es una de las pocas fincas tradicionales que quedan en la región, donde se puede vislumbrar la rica diversidad ecológica que había caracterizado al Norte del Cauca hace sólo décadas; muchas de las especies que se encuentran en su finca han desaparecido casi por completo en los alrededores.

"La verdad es que el Norte del Cauca era una vez un bosque inmenso", explica Don Hernán. "Pero todo eso ha sido destruido. Ahora nada de eso existe."

"Una cosa que quiero con este proyecto - explica - es que las nuevas generaciones sepan lo que alguna vez existió. Este bosque nativo que vamos a cultivar debería ser una escuela, un lugar de aprendizaje".

El proyecto también ha llamado la atención de muchos otros en la región. En las veredas vecinas, las personas han comenzado a donar semillas y plantas para ser cultivadas alrededor del Templo, y en un invernadero construido para el proyecto por voluntarios locales.

Las contribuciones de semillas y plantas han incluido especies autóctonas, como el árbol ‘Burilico’, que está casi extinto en la región.

Para Gilberto Valencia, quien trabaja en una fábrica local y es miembro del equipo del proyecto, esta iniciativa lo ha conectado con su historia familiar en el Norte del Cauca.

"Siempre he estado muy motivado por saber más sobre la tierra y la agricultura porque, aunque no soy agricultor, vengo de una larga línea de agricultores. Mi padre y su padre siempre tuvieron una granja que cultivaban para la subsistencia de la familia y para la venta de productos."

El proyecto inspiró al Sr. Valencia, casado y padre, a comenzar a estudiar ingeniería ambiental.

"Cuando empecé a trabajar en el terreno que rodeaba la Casa de Adoración, sentí en ese momento que lo que íbamos a construir iba a cambiar el entorno natural", dijo, "Esta es una oportunidad para cambiar el destino de la región."

El Sr. Valencia trabaja como voluntario en el proyecto junto a su hijo de diez años, Jason, el miembro más reciente y más joven del equipo.

En los últimos meses, Jason se ha encontrado inmerso en el proyecto junto a su padre, ayudando a trasplantar semillas y arbolitos al sitio del templo para cultivar y proteger la tierra circundante.

"He aprendido sobre árboles que no sabía que existían", dice Jason, hablando de su experiencia. "Me encanta trabajar con mi padre en este proyecto porque, juntos, vamos a revivir muchas de las plantas que se han perdido".

Para Alex Hernán Álvarez, residente de Agua Azul y miembro del equipo del proyecto, lo que está sucediendo en la aldea tiene profundas implicaciones para los niños.

"Aquí, en el Norte del Cauca, no tenemos terrenos ni espacios como este, abiertos para todos. Tengo tres hijos, y es muy gratificante para mí pensar que les dejaré algo", dice el Sr. Álvarez.

"Saber que un bosque verde y una magnífica Casa de Adoración florecerán para las generaciones futuras me inspira un profundo sentido de dedicación."

Hablando de uno de los árboles autóctonos de la región, el ‘Samán’, el Sr. Álvarez explica: "El Samán es un árbol tradicional, hermoso y grande. Cuando mis hijos vayan al terreno a rezar, tendrán un lugar para sentarse, bajo ese árbol. Esto me motiva todos los días. Esto me da alegría."

Si bien la Casa de Adoración aún no se ha construido, en muchos aspectos importantes ya está cumpliendo su propósito, inspirando a los habitantes de la región para que se conecten con lo sagrado y alcancen mayores niveles de servicio a sus comunidades.

"La idea de la Casa de Adoración, lo que representa", dice la Sra. Osorio, "es cultivar en todos nosotros - niños, jóvenes y adultos - una apreciación de la importancia de una vida centrada en la adoración a Dios y el servicio a la humanidad".


Fuente: BWNS.

http://news.bahai.org/story/1047/